Bueno, de vuelta a casa por casi un mesecillo, para ver a mi gente, tomarme unas cruzcampo y unos bocatitas de jamón ricos, además de disfrutar de la tortilla de patatas de mi madre o de mi padre, que están que te mueres, jejeje. Mucha gente me critica (bueno, “critica”) que llevo sin formatear la misma vida, y tienen razón, pero lo prometido es deuda y me pongo aquí a escribir el resumen de los tres primeros meses de mi vivencia erasmus que, sin duda, están siendo grandiosos, sublimes, fabulosos, maravillosos.
De todas formas, el viaje fue muy guapo. Tuvimos nuestro problemas para conseguir que nos alquilaran los coches, aunque menos mal que Dani presionó para que nos dejaran dos en una empresa y en la otra nos dejaron otros dos. Total, que para Praga que salimos y la primera odisea fue en el camino. Imaginaos un grupo de 17 personas en cuatro coches totalmente distintos: Un pedazo de Volvo que no sé ni que modelo es pero que iba flechado, un Ford Focus que iba bastante bien, un Fiat Punto nuevo que tiraba de forma aceptable… y un Skoda Fabia (creo) que iba FATAL. Total, que los pobres del Skoda las pasaron canutas, teniendo en cuenta que los del Volvo le pegaban por las autovías alemanas que daba gusto, y que Dani, conduciendo el Focus, se obcecaba en irse detrás de ellos. Total, lo peor fue que en República Checa pararon al Punto por no pagar un papelito que hay que llevar por las autovías checas y les cascaron 50€ de multa cuando deberían haber sido 30 (a esto me refiero, por ejemplo, con que así pierden muchos puntos para que hable bien de ellos…).
Una vez allí, la primera noche fue bastante tranquila, salimos a tomarnos unas cervecillas y nos volvieron a timar… no tenemos remedio. Total, que la mayoría nos volvimos para casa y otros locos se quedaron hasta las tantas, pero nada realmente reseñable. Lo gordo de verdad vino la segunda noche, que montamos un macrobotellón en la common room del hostal que provocó que casi nos pusieran de patitas en la calle, y yo estoy seguro de que no nos echaron porque no es fácil echar a 17 personas de un hotel, que si hubiéramos sido menos, nos habrían echado FIJO. Además luego nos fuimos a un discotecón que está a la orilla del río a la que nos guió Dani y nos tiramos allí hasta que cerraron a las tantas. Muchas, muchísimas risas, y mucho bailoteo, no recuerdo el precio pero barata no era en absoluto la disco.
Pero el día más maravilloso, más grandioso de todos, fue, sin duda, el sábado, concretamente la tarde y la noche. Después de ducharnos, unos cuantos nos fuimos a buscar un sitio para echar unas cervecitas cerca del hostal, y encontramos un bareto, un auténtico antro en su más rancia definición, pero la birra costaba medio litro medio euro y eso es suficiente. Lo más grandioso de todo fue que cuando entramos, nos mandaron al sótano y estaba tocando un grupo de Folck checho y había un grupo de fans… lo que viene siendo la familia del grupo, allí liandola. Y a beber birras que nos pusimos. A las 22.30 (una hora más tarde de lo que habíamos quedad) recogimos a todo el grupo y nos lo llevamos al bar porque las risas que nos pegamos allí fueron atronadoras. Cerramos el bar con 8 cervezas o así por cabeza, y nos fuimos al centro a dar un paseo, aunque unos cuantos estábamos derrotados y nos volvimos a casa, seguidos por la mayoría una hora más tarde. El domingo, la vuelta fue una auténtica paliza de coche, pero no estuvo mal.
En definitiva, grandísimo viaje el que hicimos un grupo de locos, pero que resultó ser la primera parada de un sinfín de paradas que hemos hecho hasta ahora. Mañana os cuento un poco lo que ha ido pasando después de Praga y no sé, tal vez, os ganéis que os hable del Road Trip…
